Mateo González Toledo.
AuditFlow es una plataforma —app web— legaltech impulsada por un motor de IA de revisión y análisis de documentos jurídicos —contratos, resoluciones, laudos, demandas, etc.—, que convierte un proceso que hasta ahora fue caro, lento y reservado a la contratación de un abogado en algo inmediato y accesible. Así, personas y empresas pueden detectar riesgos antes de firmar, mientras los estudios y bufetes se ahorran horas de revisión estándar y reducen costos de personal —paralegales y abogados junior—, dedicando su actividad a la verdadera toma de decisiones y a la estrategia; es decir, revaloriza en el abogado lo que la IA no hace: el criterio estratégico, negociación, litigio y la responsabilidad profesional.
De todo lo mencionado en la apertura de este artículo, debemos extraer los siguientes elementos o cuestionamientos: ¿qué rol ocupa hoy la IA dentro de la práctica jurídica?, ¿qué elementos dentro del mundo laboral del litigio están, poco a poco —por el momento—, caminando hacia la obsolescencia?, ¿en qué magnitud supone el advenimiento de la IA el funeral del mundo laboral jurídico tal como lo hemos conocido? Todas aquellas interrogantes las responderemos mientras, a la par, explicamos una herramienta de IA ecuatoriana: AuditFlow, herramienta creada conjuntamente por Danyal y el redactor, Mateo.
AuditFlow es una plataforma de análisis normativo de documentos, de procedimiento sencillo: adjuntas el documento a analizar, el motor detecta las ramas jurídicas de análisis y te devuelve hallazgos clasificados por severidad en minutos —contradicciones internas, vacíos, riesgos semaforizados en altos, medios y bajos, entre otros—. Mientras un chatbot o asistente conversacional responde preguntas, AuditFlow te entrega un informe de riesgo, con escasa exposición a alucinaciones, pues no actúa como un asistente conversacional en búsqueda abierta: se centra en el vínculo jurídico existente entre tu documento y la normativa ecuatoriana que lo rige, evitando la contaminación de información.



Si bien la IA supone un nuevo paradigma y su vorágine nos inunda de incertidumbres, hay algo claro: transversalmente, también supone una democratización dentro de los sistemas, y el mundo jurídico no puede ni saldrá ileso de aquello.
El mundo jurídico ha estado sujeto, en resumen, a tres grandes cambios en cuanto al acceso a la información jurídica. Primero, la imprenta y la codificación (derecho escrito y accesible), luego el internet y las bases de datos (derecho buscable), y ahora la inteligencia artificial generativa (LLM o IA generativa de texto) que supone el derecho interpretable a escala por modelos de lenguaje.
¿Pero es eso todo? Según el informe Labor market impacts of AI de Anthropic, la IA está lejos de alcanzar su capacidad teórica. Dentro de la categoría legal, aproximan una contracción del 15 % del sector ya observado —tendencia clara en estudios jurídicos que sienten cada vez menos necesaria la presencia de paralegales, secretarias y abogados junior dentro de sus oficinas—. Esta contracción es inicial: la exposición laboral teórica dentro de la industria legal circunda el 70 %. Esta exposición no supone únicamente la mera existencia de modelos de lenguaje —ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek, etc.—; supone todas aquellas herramientas de IA que, con base en estos modelos, día a día están siendo creadas, casi todas con el horizonte puesto en la automatización y eficiencia de tareas legales. Aunque existe una considerable brecha entre exposición teórica y uso real.
¿Podemos entonces deducir que la creación actual de cientos de herramientas jurídicas de IA, como AuditFlow, supone la desaparición del abogado? La respuesta es negativa, por ahora. Sin embargo, a mediano plazo, el avance de la IA en la vastedad de los sistemas, sectores e industrias es irrefrenable; su lógica obedece a fuerzas superiores ligadas tanto a la carrera geopolítica China-EE. UU. por la IA como al devenir histórico, pero, aunque esa no sea la respuesta que agrade, esta oleada de automatización que se avecina dentro del sector no supone la desaparición del abogado, sino que lo reubica donde su preparación, stricto sensu, lo manda: la toma de decisiones, el litigio y el juicio estratégico, la negociación y la responsabilidad profesional.

Ahora bien, en cuanto a AuditFlow, ¿cuál es su razón de ser? Pues no reemplaza de ninguna forma al abogado que decide, pero sí reduce la necesidad de contratar a quien solo hace la primera lectura. Lo mismo sucede con las herramientas de búsqueda de jurisprudencia con motores de IA que el día de hoy existen en Ecuador: no sustituyen al abogado, pero sí contribuyen a la eficiencia de su trabajo y ponen en duda la necesidad del paralegal o abogado junior cuya función principal es realizar primeras lecturas y búsquedas jurisprudenciales. Hay una pregunta más importante, porque todo lo redactado supone que los abogados ecuatorianos conocen el tratamiento y el uso propio, esto es, con conocimiento de causa, de los modelos de lenguaje de la IA: ¿qué le asegura a usted, como cliente, que su abogado —incluso aquel que tiene 15 o 20+ años de experiencia ejerciendo y que ha incorporado parcialmente el uso de IA en su despacho— hace un due diligence jurídico post output (resultado) y le garantiza una adecuada defensa? Pero aquella pregunta es objeto de otro artículo.
Esa es una de las razones de ser de las herramientas especializadas de IA como AuditFlow: que sea intuitivamente usable para abogados, empresas, instituciones en el ámbito de contratación pública, para nosotros, las personas que en múltiples momentos nos encontramos frente a la incertidumbre de lo que lleva consigo un documento jurídico; el espíritu de esta herramienta AuditFlow es democratizar la desencriptación de un contrato, demanda, sentencia, etc., a todos ellos, evitando las falencias propias a la naturaleza de los LLMs.
Si bien las herramientas de IA, y la plataforma ecuatoriana señalada en este texto, AuditFlow, no llegan para decirte «¡Ya no necesitas abogado!», sí llegan para democratizar el acceso. ¿Cuál es el ritual ordinario? Aparece el problema A, me preocupo, agendo consulta con el abogado B, acudo a consulta días después, se evacúa la consulta, el abogado se queda con los documentos para revisión, precio de la consulta $50 + costo por revisión documental; finalmente, recibo una respuesta varios días después. Aquello versus: tengo un problema, subo el documento a la herramienta de IA, minutos después tengo el análisis sistematizado del documento objeto, por una fracción de la consulta.
Este es un ejemplo claro de que la IA irrumpe a la vez que democratiza los procesos, sistemas e industrias. El rol que cumplen las herramientas de IA está cambiando la forma en que los subsistemas funcionan y se interrelacionan: la IA avanza, nos seduce e inquieta, pero claro está, su existencia ineludible y rol transformador, sin dejar de ser un hecho, es irrefrenable. ¿Irrumpe y democratiza?
-Mateo Nicolás González Toledo
Abogado litigante en Derecho Penal y Societario.
Abogado y Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Cuenca.
Maestrante en Derecho de la Economía Digital por la UASB.
